Friday, April 2, 2010

Viernes Santo

Mientras hacía mi reportaje sobre el Viernes Santo en la Hermita de la Caridad en Miami, ví a una señora que llevaba un hombre de la mano. Me pregunté por qué. El hombre parecía un adulto, hecho y derecho. Cuando se acercaron noté que no tenía los ojos abiertos, era ciego. Otra señora saludó a mi camarógrafo y después éste me contó que la hija de la misma tenía lucemia. Cuando me dirigía al camerino para entrevistar al sacerdote, vi a un profesor de la universidad con su hija de más de cuarenta años y mentalidad de cinco repitiendo aaaaa sin tener para cuando parar. Dios mío! De qué se puede quejar uno? Somos dichosos si podemos ver, caminar, oler, escuchar, tocar, y si no podemos hacer algunas de esas cosas, he notado que mucha de la gente a la que no le faltan facultades físicas están tristemente presas de otras limitaciones. Me encanta mi trabajo. Veo gente nueva constantemente. Hablo con gente todos los días que me enseñan algo nuevo. En mis mejores días hago un bien, sirvo de algo.

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